Sigo con las cosas que aprendí, y creo que una de las más importantes fue identificar tres virtudes de un emprendedor, reconocerlas y si no estaban allí, desarrollarlas:
"La entrega", Ford demostró que en el bajo precio, buenos salarios y mayor producción se recogen mayores ganancias.
"La humildad", para aceptar el fracaso y aprender de el, saber escuchar y tolerar las críticas, nada es seguro, y con la prueba y error se crece.
"El compromiso", con esa idea que lo atraviesa y le despierta una pasión, que lo lleva a una entrega de si mismo para eso mejor que vendrá.
"El emprendedor crece no porque sea capaz de comprender una situación existente en toda la complejidad de sus detalles, sino porque crea una situación inédita que los otros deberán esforzarse para comprender". Fernando Flores es.


Muy bueno el video y las frases. Exitos para HH Buenos Aires y Tucuman.
Saludos.
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JEG
Excelente reflexión MAría.
Creo que además un tema básico es el "CREER" creer que es posible, aún contra viento y marea, podríamos incluso inspirarnos con Walt Disney que decía aquello de "Si lo puedes imaginar, se puede realizar"
Y ese es un gran desafío en el país del NO SE PUEDE, porque siempre nos enfocamos primero en el ¿Con quien? en lugar de desarrollar la IDEA.
Como Ciudadanos creo que ese es uno de los más grandes desafíos, Creer que otra ciudad, otro país es posible, y enriqcer la idea con el ¿cómo sería?, luego vendrán los ¿con quien?
La buena noticia es que existen.
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Eduardo Litvachkes
http://clubdelaloevera.wordpress.com
Acerca de lo que dijo Eduardo de CREER...
Yo creo (de crear) y Yo creo (de creer) suenan igual...
que es la humildad?
La humildad es el valor a través del cual asumimos nuestra verdadera dimensión y concientizamos acerca de nuestro espacio en este mundo. Es recordar permanentemente la naturaleza evanescente de todas las cosas, sin hacer alardes de nuestra posición, cualidades o logros. Es saber y reconocer nuestros límites. Respetar los derechos del prójimo e identificar a quien nos ha dado todo lo que tenemos.
La humildad es la esencia de la autoestima, de la paz con uno mismo. El soberbio, en cambio, es un ser vacilante que busca desesperadamente compensar su inseguridad personal con la aprobación de los terceros. Es dependiente del aplauso ajeno.
Practicar este valor no es rebajarnos o humillarnos. Muy por el contrario, es un signo de madurez; es ser suficientemente grandes como para decir “me equivoqué”; y cuando se está en lo correcto, la persona humilde, no necesita la satisfacción de decir: "Te lo dije".
La humildad nos hace tener la suficiente capacidad para considerar y aprovechar la experiencia y conocimientos que los demás tienen. En este sentido, podemos decir que juega un factor importante para reconocer que nuestro criterio quizá no siempre sea el mejor y que estaremos expuestos a las posibilidades de cometer un error o a tomar una mala decisión.
Sólo el humilde es verdaderamente libre. El soberbio se adapta a sus propias carencias, se niega la libertad de corregirse. La arrogancia es un Faraón que tiraniza nuestras vidas, pues condena a nuestra personalidad al estancamiento. La modestia, en cambio, nos abre las puertas al verdadero éxito y nos permite obtener resultados sin límites.
Humildad es recordar que en el prójimo hay un ser humano igual a nosotros, que merece dignidad y respeto, que tiene derecho a ser escuchado y comprendido.
El soberbio es egocéntrico, esclavo de sus propios intereses, sólo le importa el otro en función de sÍ mismo.
La humildad nos coloca en nuestro lugar exacto también frente al Creador: El mundo es un granito de arena en el infinito universo, y el ser humano, un granito de arena en esta gigantesca tierra.
Si entendemos esta virtud como la carencia de vanidades; como una no sobrevaloració n de este mundo pasajero; como una actitud de vigilia y respeto hacia todos los seres vivos, especialmente hacia aquellos más virtuosos y sabios que nosotros; la humildad es, sin lugar a dudas, una característica distintiva de las Almas inclinadas a todo lo noble y, sobre todo, a la existencia viva del Creador.
Así entendida, la humildad es la mejor piedra de la corona de las virtudes y no podemos concebir a un hombre o una mujer que hayan pasado justamente a la Historia sin haber manifestado este valor.
Pero, como todo en exceso termina en una aberración que niega lo mismo que dice afirmar, existen muchos "humildes" que han hecho de su falsa modestia una máscara, bella y sofisticada de su inmensa vanidad interior. Así, el que pudiendo vestir normalmente y pasar desapercibido en una reunión, lo hace con ropas pobres o por demás sencillas, subconscientemente busca tan sólo destacarse y humillar a los demás. Quien, en una conversación amistosa, donde se habla muy naturalmente, emplea términos rebuscados o palabras difíciles para sus ejemplos y desarrollos temáticos, es la antítesis misma de la humildad, pues pronto logra destacarse en medio de todos y hacer que le admiren, aunque no le comprendan.
Debemos, entonces, saber distinguir entre la verdadera y la falsa humildad; entre el humilde de Corazón y el humilde teatral que utiliza su parodia en beneficio de lo que cree.
No se trata de una virtud sólo de aquellos que se someten voluntariamente y dócilmente a una autoridad o líder, sino que también acompaña al verdadero liderazgo. El liderazgo exige una gran dosis de modestia; es incompatible con la soberbia, el engreimiento, la arrogancia, la egolatría, la altivez, o la vanidad. Un líder vanidoso, narcisista, fatuo o presuntuoso, con demasiado amor propio, convencido de la propia excelencia, admirador de sí mismo y enamorado de su persona, será siempre un líder deplorable. Y peligroso.
La humildad es signo de inteligencia. Alguien muy inteligente dijo una vez “sólo se que no se nada”. La persona inteligente es humilde. La soberbia en cambio, es síntoma de estupidez, llevando a muchos a decir “lo se todo”.
El mundo está lleno de personas que al ocupar el puesto de más o menos importancia, olvidan que su grandeza estará en prestar un servicio a los demás con el mayor desinterés y la máxima humildad.
Creemos que las características de la sociedad actual estimulan demasiados valores superficiales o antivalores que son contrarios a la humildad, la cual significa apertura mental, disposición a acoger todo lo que nos llega de fuera o de dentro, actitud receptiva y postura de atenta escucha; ánimo dispuesto en todo momento al aprendizaje. Lo contrario de la cerrazón mental de quien cree que ya lo sabe todo.
Para concluir, tengamos en cuenta que el incremento de la calidad de vida de una persona está directamente ligado a la práctica de los valores y las virtudes. Por ello, para hacer de nuestra vida una verdadera obra de gran calidad, el desarrollo de la humildad en nosotros mismos es una alternativa válida que merece ser considerada.
Fuente: www.valoresyvirtudes.com.ar